La propuesta de diseño de Karmairi Hotel Spa contempla tres niveles y unos espacios exteriores que cumplen a cabalidad los requerimientos del hotel: alojamiento (14 habitaciones), Spa, restaurante, bar y zonas de esparcimiento. Todo dentro del concepto de los hoteles boutique de hoy: pequeños, con carácter propio, una infraestructura moderna y detalles decorativos interesantes y sofisticados, donde lo más importante es crear un ambiente cálido y personalizado que haga sentir al cliente como en casa.
Buena parte de la magia de Karmairi está dada por la naturaleza que lo rodea. El mar, la playa y las 30 palmeras que se conservaron como parte de la propuesta determinaron la escogencia de un diseño tropical, marino, acorde con el entorno. El diseño de los espacios con baños abiertos, balcones y terrazas expresan el concepto de cabaña tropical que se quería lograr en el hotel. La arquitectura supo en este caso conjugar una estética muy caribeña con unas altas exigencias arquitectónicas: cimientos en acero para soportar la fuerza de los vientos y una estructura sólida revestida en maderas recias, logrando una construcción firme pero manteniendo una apariencia natural.
Algunos detalles especiales vienen a complementar el diseño, como el trazado del camino en caracolejo que conduce del restaurante a la piscina y a la playa de forma diagonal, desplegando el paisaje como un abanico y creando así una sensación de mayor amplitud del espacio.

Pensando en un diseño exclusivo, pero a la vez práctico, durable y de fácil mantenimiento, se desarrolló el restaurante. En él se ve reflejada la intención de lograr un espacio cálido, como en casa. La unidad del lugar se logró gracias al piso en cemento que aporta un toque muy contemporáneo al lugar. En esa zona social se abrieron dos baños en mampostería finalizada en pintura plástica, contemporáneos y muy prácticos.
En este recorrido el huésped encuentra el bar en un costado del jardín, caracterizado por un generoso techo de paja que le da su propia identidad y que invita a pasar un rato agradable contemplando la vista de los árboles y, más lejos, el mar.
Aprovechando las bondades del clima, la luz y la tranquilidad del hotel, el spa se ubicó de forma estratégica en medio de la naturaleza, delimitado por cerramientos en guadua en cada una de las cabinas, lo cual le da privacidad y muy buena energía. Se aprovecharon las palmeras para generar sombras que ayudan a la climatización y la orientación se pensó para que las cabinas posteriores contaran con vista al mar.
La zona de piscina por su parte se convierte en un punto de descanso y de tránsito hacia la playa y el mar. El establecimiento de unas sutiles barandas en mangle delimita suavemente este punto, pero lo integra al mismo tiempo al paisaje de mar. El deck en madera se convierte en el elemento que unifica la zona húmeda y en el escenario del descanso al lado de la piscina.
En cuanto a las habitaciones, éstas se perfilan como íntimos rincones con vista a la naturaleza y al mar, desplegadas a lado y lado de un corredor que lleva hacia una acogedora terraza pensada para apreciar los atardeceres o tomar el aire fresco.
En línea con la filosofía de mantener una relación amable con el medio ambiente y lograr un concepto y un diseño acordes con ello, se escogieron los materiales: maderas macizas como la teca, el sapán, el roble, la cañabrava, la macana, la matamba, la guadua, el amargo y el nazareno, todas maderas locales trabajadas por artesanos de la región, apasionados por los oficios que han heredado de generación en generación.
Aquí todos los detalles fueron bien estudiados: palmeras entrelazadas en el bar y en las cabañas traseras; vigas amarradas con cabuyas de fibras naturales y techos trenzados en delicada paja de palma vendeaguja por los artesanos monterianos del Valle del Sinú; puertas, cielo rasos y cerramientos tejidos en matamba por los nativos de la región; revestimientos y accesorios en lajas de ríos traídas desde la Sierra Nevada de Santa Marta; terrazas enchapadas en piedra coralina pulida de la zona, entre otros. Todos materiales vivos acordes con el diseño y la decoración.

Sin duda, la decoración de Karmairi Hotel Spa viene a complementar el diseño limpio y natural de los espacios. La sintonía en este caso está dada por el contraste entre los materiales de la construcción y una decoración exótica, inspirada en Oriente, pero también en una tendencia muy orgánica. Muebles en ratán, objetos especiales, telas, lámparas, tallas, tejidos, fibras, conchas de nácar, cada elemento es una evocación de un trabajo hecho con gran delicadeza.
Detalles muy finos como los velos que cierran los espacios del spa, los chandeliers de conchas y los ventiladores evocadores de los años cincuenta en el comedor, los candelabros o los espaldares de las camas tallados se destacan en medio de una propuesta limpia, de tonalidades azules, grises, verdes, y por supuesto el blanco. Algunos puntos de color están dados en cojines, manteles y otros objetos especiales.